domingo, 5 de julio de 2026

Confusión

Es una época confusa. El mundo, la sociedad, yo…

Hace tiempo que no te escribo. He necesitado ayuda; ayuda médica y farmacológica para poder levantarme.

El dolor por la pérdida fue duro. Me aislé, me comí todos mis pensamientos y, de cara a la galería, hice un esfuerzo por estar bien y seguir con mi vida.

Tomé decisiones, algunas más arriesgadas que otras. Dejé el trabajo después de muchos años y, aprovechando ese dolor, me escudé en él para dar un paso que llevaba tiempo necesitando. Era más soportable pensar que la aprobación o el juicio de los demás tendrían una explicación: podían achacar mi forma de actuar a lo que estaba viviendo. Y yo, de alguna manera, me aproveché de esa situación para salir de un trabajo que era muy bueno a nivel personal, pero tremendamente agotador y estresante.

Todo eso me recordó a mi adolescencia, cuando, desde el control, también tomaba decisiones de ese tipo. Aunque siempre muy pensadas, claro.

Porque el control es así: nunca deja nada al azar. Todas las decisiones están medidas.

Lidié durante un tiempo con la sensación de no agradar a nadie y, curiosamente, aquello resultó bastante reconfortante. Estudié, conseguí un puesto para toda la vida y estuve poco tiempo. No me gustaba. Tenía que seguir buscando.

Y finalmente encontré un lugar donde estar tranquila y motivada. Aunque siempre quedan sensaciones de vacío que termino llenando con otras cosas.

Mi vida personal, sin embargo, ha empeorado. Comparto la vida con la persona con la que siempre he estado, pero ya no existe ningún tipo de conexión afectiva, más allá de la que nace de la convivencia cotidiana y del deseo de vivir en paz.

Para mi mente controladora eso es un problema. No deja de sabotearme, repitiéndome que esto no está bien, que ambos nos estamos apagando por dentro.

Seguir en el camino es lo que toca...